Aproximadamente una de cada dos mujeres sabe por experiencia propia qué son las estrías. Aunque no provocan dolor ni una molestia importante, sí suelen afectar mucho a nivel estético. Por eso, muchas personas acaban sintiéndose incómodas con su propio cuerpo cuando aparecen.
Las estrías surgen cuando la piel se estira con demasiada rapidez. En ese proceso, las fibras de colágeno se rompen, la piel no logra adaptarse y termina cediendo. El resultado son esas líneas paralelas que van apareciendo poco a poco y que se distinguen por su color y textura. No son peligrosas, no son contagiosas y, por lo general, tampoco duelen, aunque en ocasiones pueden venir acompañadas de picor leve.
Pueden aparecer en el abdomen, pero también en los muslos, las caderas, los senos y los glúteos. Además, no afectan solo a un grupo concreto: pueden presentarse en distintas edades y circunstancias. Las embarazadas ocupan el primer lugar en frecuencia, seguidas por los adolescentes durante la pubertad. En los hombres, suelen verse más a menudo en quienes practican deporte de forma intensa, especialmente si recurren a esteroides o levantan grandes cargas.
En otras palabras, nadie está completamente a salvo. Aun así, es posible prevenir su aparición y, cuando ya existen, reducir su visibilidad.
Qué tipos de estrías existen
De forma general, las estrías pueden clasificarse de varias maneras. Una de las más útiles se basa en su aspecto. En ese caso, se distinguen:
- Estrías rojas: son recientes y, por eso, suelen responder mejor a los tratamientos;
- Estrías blancas: se consideran más maduras y su tratamiento suele ser más difícil.
También pueden clasificarse según la etapa de la vida en la que aparecen o el grupo de población al que afectan. Así, encontramos:
- Estrías que aparecen en la pubertad;
- Estrías que surgen durante el embarazo;
- Estrías negras, grises o azules, más frecuentes en personas con piel oscura;
- Estrías relacionadas con tratamientos basados en corticosteroides, como ocurre en personas con síndrome de Cushing.
Por qué aparecen las estrías
La causa principal es, como ya se ha explicado, la expansión brusca de la piel. Pueden aparecer tanto en mujeres como en hombres, y tanto en personas con sobrepeso como en personas delgadas. Por eso afectan a mucha gente y responden a distintos factores que favorecen su desarrollo o aceleran su aparición.
Entre las causas más habituales se encuentran:
- El aumento del nivel de cortisona, que reduce la elasticidad de la piel;
- El aumento rápido de peso o, por el contrario, una pérdida brusca de kilos;
- El embarazo, a medida que el bebé crece dentro del útero;
- La presencia de implantes mamarios;
- El exceso de culturismo;
- Distintas alteraciones de las glándulas suprarrenales, que elevan el nivel de cortisona.
En muchos casos, las estrías también se relacionan con una atención insuficiente hacia la piel. Aquí influyen factores como la falta de vitaminas o una hidratación deficiente. A ello se suman hábitos poco saludables o circunstancias que desequilibran el organismo: el estrés, las defensas bajas, el sedentarismo, la obesidad, las carencias en el estilo de vida, los cambios hormonales, ciertos tratamientos hormonales, los trastornos de la glándula tiroides y el uso de distintos esteroides.
Señales y síntomas de las estrías
Aunque las estrías pueden parecerse a finas marcas o arrugas ligeramente hundidas, no son exactamente lo mismo y su evolución depende de la causa, del momento en que aparecen y del tipo de piel. Su manifestación más evidente es la aparición de bandas en la piel de tonos rosados, rojos, negros o azules. Antes de que se hagan visibles, la piel suele mostrar cambios: se vuelve más rosada, más fina y, en algunos casos, más sensible. También pueden aparecer irritación o picor. Con el tiempo, las estrías cambian de color y se vuelven menos llamativas, aunque no desaparecen por completo de forma espontánea.
Cómo se tratan las estrías
En algunos casos, las estrías se atenúan solas y no requieren tratamiento médico. En otros, se puede recurrir a distintas opciones para mejorar el aspecto de la piel. Conviene tener claro que ninguno de estos métodos garantiza la desaparición total ni asegura que no vuelvan a aparecer, pero sí pueden ayudar a que se noten menos.
Los tratamientos más habituales incluyen:
- Tratamiento láser, orientado a estimular la producción de colágeno en la piel;
- Cremas con retinoides, que, gracias a la vitamina A, favorecen la reconstrucción del colágeno;
- Tratamientos naturales, utilizados para masajear la piel y actuar sobre las capas más profundas;
- Microdermoabrasión, una técnica que exfolia la piel y favorece la formación de una nueva capa;
- Suplementos naturales, con vitaminas A, C, E y zinc, que contribuyen al mantenimiento de la piel y al aumento del colágeno;
- Intervenciones quirúrgicas.
La elección del tratamiento depende del tipo de estría, de su antigüedad y del estado general de la piel. Por eso, antes de iniciar cualquier opción, conviene valorar qué alternativa resulta más adecuada para cada caso.
Cómo prevenir la aparición de estrías
Como ocurre con muchos problemas de la piel, siempre es más fácil prevenir que corregir después. Aunque no se puede eliminar por completo el riesgo, sí es posible reducirlo si se mantienen ciertos hábitos de forma constante.
- Hidrata la piel a diario, tanto por fuera con cremas o lociones humectantes —preferiblemente tras consultar con un especialista— como por dentro, bebiendo suficiente líquido;
- Mantén un peso corporal estable y adecuado;
- Adopta un estilo de vida saludable y evita los alimentos que perjudican al organismo;
- Elige una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, vitaminas y minerales;
- Evita las dietas radicales o extremas;
- Masajea y exfolia la piel con regularidad;
- Huya del sedentarismo y procura moverte más; convierte el ejercicio en una parte natural de tu rutina.
Si se siguen estas recomendaciones, disminuyen de forma notable las posibilidades de desarrollar estrías. Y aunque algunas de estas decisiones dependen de cada persona, otras pueden integrarse mejor con ayuda profesional. A través de programas orientados a un estilo de vida saludable y a la práctica constante de ejercicio físico, es posible avanzar hacia una silueta más armoniosa de forma progresiva, segura y realista. La clave está en perder peso poco a poco, sin cambios bruscos que tensionen la piel y favorezcan la aparición de estas marcas.
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